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Biking Beyond Bigotry: Not So Complicated After All


Guest Blogger • May 24, 2011

by Helen Sullivan (Español más abajo)

One aspect about working with kids that I love is how logically and open-mindedly they internalize the world.

When I returned to my fourth grade classroom today in Pachuca, Mexico, after taking time off to participate in the Biking Beyond Bigotry tour, I kicked off our current events unit by giving my students a summary of my trip. I explained in simple terms that there were some people who were trying to link the environmentalist movement with the anti-immigrant movement.

I then gave them a brief summary of the two sides of the argument, my opinion, and why I felt it was important for me to participate in a movement I believed in.

I was not sure how much my students would be able to understand about such a complex issue; as always, though, they surprised me with their ability not only to understand but to break down and bring some clarity to the subject.

“You mean some people might tell us we can’t have kids?” one of my students said, dropping her jaw in a dramatic way.  “I want to have three kids!” she exclaimed. Even at ten, she is already aware of her reproductive rights and upset at the idea of anyone else having a say in what she does with her body or the size family she wants to create.

“Are people going to start killing each other over this?” another student asked, fearfully.  She had immediately realized that the connection between environmentalism and population control is dangerous. Thematic units about climate change and global warming have been increasingly added to schools’ curriculums; subsequently, all my kids have been taught to be cautiously conscious of the global repercussions of pollution.  And so this student made an inference: if everyone wants to save the environment, and some people are saying the way to do that is to have less people, such restrictions might result in violence or murder.

I reassured this student that there was no immediate threat to people’s lives. But I did thank her for realizing that, yes, this is a serious issue.

“What difference does it make if people are polluting in one country or another?” another boy chimed in. “Either way they’re polluting.”  He recognized that pollution is a global issue.

My fourth graders are starting to lose their innocence, but they still have the wonderful idea that the world is open to them, that it can and should be theirs to explore.

Most of my students have attended a bilingual school for seven years. They have had a few American teachers; thusly, they have a beauteous portrait of the United States as being the land their nice teachers came from, a place they hope to visit and/or, perhaps, even study in some day. Incidentally, they live far enough from the border that they do not hear much about the violence that has passed between their country and my country.

But, as usual, my students became my teachers.  Which is to say, maybe this issue is not that complicated after all.  Maybe it is as simple as they put it.

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Helen Sullivan is a 4th grade teacher at The American School of Pachuca in Pachuca, Hdg. Mexico.

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This is the fourth blog post in an ongoing series written by riders who participated in the recent Biking Beyond Bigotry bicycling tour. From April 28th to May 5th, ten individuals from across the nation pedaled over 350 miles to speak out against the greening of hate. Along their route from Flagstaff to Tucson, Arizona, the riders spoke with members of local communities across their route. Their messages included immigration myths and facts around population stabilization, the anti-immigrant movement’s attempts to “green” bigotry, and steps that environmentalists can take to counter such attacks. The initiative of this speaking tour was to directly counter the greening of hate through awareness, education, and the formation of alliances to defeat racism disguised as environmentalism.

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por Helen Sullivan

Una de las cosas que más me gusta de ser maestra es que tan lógica y abiertamente internizan al mundo los niños.

Cuando regresé a mi salón de cuarto grado en Pachuca, Hgo. México, después de tomarme un tiempo para participar en un viaje de bici y plácticas, inicié nuestra unidad de noticias con un resumen del viaje.  Expliqué en términos simples que ahorita hay personas en Estados Unidos que están intentando asimilar el movimiento ambientalista con el movimiento anti-migrante.

Les di un resumen breve de ambos lados del debate, mi opinión, y el por que fue tan importante haber ido.

No estaba segura de que tanto entenderían de este complejo debate; pero, como siempre, mis alumnos me sorprendieron con su habilidad no solo a entender, pero a resumir y aclarar el sujeto.

“¿Quieres decir que pronto podrían decirnos que no podemos tener hijos?” dijo uno de mis alumnas, abriendo la boca dramáticamente.  “¡Yo quiero tener tres hijos!”  A sus diez años, ella ya está consciente de sus derechos reproductivos y enojada con la idea que alguien más le diga que hacer con su cuerpo, o controlar el tamaño de familia que quiere.

“¿Entonce la gente empezará a matar a causa de eso?” preguntó otra alumna, con miedo.  Ella inmediatamente se había dado cuenta que la conexión entre el ambientalismo y el control de la población es peligrosa.  Las unidades temáticas sobre el calentamiento global ha sido añadido al currículo de muchas escuelas.  Todos mis alumnos han sido enseñado a ser miedosos del los repercusiones de la contaminación.  Entonces, esa alumna hizo una inferencia: si todo el mundo quiere salvar el medio ambiente, y hay gente que dice que la única manera es tener menos gente, resultaría en violencia o asesinato.

Le asegur’e que no habia vidas en peligro en ese momento.  Pero si le agradec’e para darse cuenta que si en un tema peligroso.

“Que diferencia hay si la gente contamina en un país o en otro?” otro niño preguntó.  “De todos modos están contaminando.” Él ya entiende que la contaminacón es un problema global.

Mis alumnos de cuarto ya están comenzando a perder su inocencia, pero todavía tienen la idea que el mundo está abierto para ellos y puede y debe ser suyo para explorar.

La mayoría de mis alumnos llevan siete años en su escuela bilingüe y han tenido varios maestros del Estado Unidos; entonces tienen una imagen de Estados Unidos como un lugar de donde vinieron sus maestros amables, un lugar que esperan visitar, o tal vez un lugar en que vayan a estudiar.  Casualmente, viven bastante lejos de la frontera que no escuchan tanto sobre la violencia que existe entre su país y el mío.

Pero, como siempre, mis alumnos se convirtieron en ser mis maestros.  Puede ser que ese problema no es tan complejo.  Puede ser que se tan simple como lo entienden ellos.

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Helen Sullivan en una maestra de cuarto grado en La Escuela Americana de Pachuca en Pachuca, HGO, México.
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Esta es la cuarta parte de un blog en una serie escrita por ciclistas quienes particparon en el tour de bicicleta Biking Beyond Bigotry.  Que se llevó acabo los días del 28 de abril al 5 de mayo del año en curso.  Díez entusiatas de todo el país pedalearon a lo largo de 350 millas para hablar en contra del enverdecimiendo del racismo.  Durante el viaje que inició en Flagstaff hasta Tucson, Arizona, los ciclistas hablaban con miembros de comunidades locales.  Sus mensajes incluyeron informar de mitos sobre la migración y hechos sobre le estabilización de la población,  los intentos del movimiento anti-migrante a “enverdecer” la intoleracia, y los pasos que los verdaderos ambientalistas pueden seguir para combatir dichos ataques.  La iniciativa de este tour viene a partir de combatir directamente el enverdecimento del racismo através de concientizar, educar, y formar alianzas para vencer el racismo disfrazado de ambientalismo.

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